Mamá
Madre: la palabra más bella en labios de la humanidad
Kahlil Gibran
El médico dice que la enfermedad progresa de forma lenta pero constante y que no hay vuelta atrás.
Yo la veo ahí sentada, la mirada perdida en Dios sabe qué pensamientos. Quizás recordando aquellos niños a los que enseñaba tantos años atrás.
- Dos por uno, dos.
- Dos por dos, cuatro.
- Dos por tres, seis…
Ya hace tiempo que no me reconoce. Cuando me siento frente a ella su mirada parece atravesarme, como si yo no existiera. Y me duele su indiferencia, aunque verla así me duele todavía más.
Casi nunca habla y, si lo hace, apenas consigo entender lo que dice.
Cuando vengo por las tardes, me siento con ella y entono mi monólogo. Le hablo de sus nietos ya adultos, de mi trabajo y de lo solo que me siento desde que murió Julia.
Mientras la peino, creo que le gusta sentir el cepillo deslizándose entre sus cabellos blancos.
Después empujo su silla hasta el patio de la residencia, donde tomamos el tibio sol de otoño, juntos, aunque en dos mundos totalmente distantes.
Entre susurros tararea una canción que no logro reconocer. Tomo su mano entre las mías y una lágrima se desliza lentamente por su mejilla.
- ¿Estás bien mamá, qué te pasa?
- No me acuerdo.