El legado
A ti, niño del futuro.
Quiero darte la bienvenida a este nuestro mundo que, dentro de un tiempo, también será tuyo.
Me gustaría que en unos pocos años disfrutaras tanto de las cosas sencillas como lo pudieron hacer tus abuelos o, incluso, tus padres.
Que te recrees con el vuelo errático de una mariposa, que goces del canto de los grillos en las noches de verano, de la sonrisa de la luna asomando desde el horizonte, que te deleite el cristalino rumor del agua en cualquier arroyo de montaña o el olor del tomillo al pie de los montes y de las flores en la pradera, que te alegre el canto de los pájaros, el rumor del viento entre las copas de los álamos o que saborees un tomate recién arrancado de su mata o un melocotón madurado en el árbol.
En fin todas esas cosas que para nosotros fueron tan cotidianas y que, día a día, son más difíciles de encontrar.
Me apena tener que decirte que no vas a encontrar un mundo limpio, vas a recibir un legado peor, seguro, que el que nos dejaron a nosotros en algunos aspectos y, sobre todo, en cuanto al entorno natural.
Quizás, algún día la tecnología te deslumbre y pensarás que es imposible vivir sin ella, pero llegará un momento en el que te darás cuenta de que esa que creías tu amiga te puede quitar más de lo que te da si no la empleas adecuadamente.
Vas a entrar en un mundo complejo, vas a heredar problemas que te dejaremos entre todos, unos de forma consciente y otros sin maldad y, mayoritariamente, por desconocimiento.
Por mi parte, me comprometo firmemente a intentar que este desastre no vaya a más, a frenar este desatino de suciedad y destrucción para recuperar, en lo posible, el ambiente que viví yo de niño, para que tú también puedas dormir pensando en esa golondrina que hace su nido bajo el alero o esa rosa que crece en tu jardín.
Que seas feliz y mamá Naturaleza te proteja.