La última vez

Emergió desde las profundidades, lenta pero inexorablemente. Aún sentía la cabeza embotada, como cuando dormía demasiadas horas, pero apenas faltaban quince minutos para la una de la madrugada.

Abrió los ojos y ahí estaba ella, en pie y en silencio junto a la puerta, la cabeza ligeramente ladeada, mirándole de esa manera como solo ella lo miraba. Sonreía y esa expresión que ya hace veinte años lo conquistó, era ahora más triste que otras veces.

En silencio, se aproximó a la cama y se acostó junto al hombre, con movimientos pausados.

No hablaron. Hicieron el amor dulce y apaciblemente pero con una intensidad que él no recordaba haber experimentado desde hacía muchos años.

Se besaron con exasperación, como si cada beso fuera el último. Como su primera vez.

Cuando despertó al día siguiente, ella no estaba, ni estaba su ropa, ni la maleta que llevaba la tarde anterior, cuando subió al coche.

 

Sonó el timbre de la puerta.

Al abrir, dos agentes de policía, descubiertos y con semblante sombrío, le dieron la noticia.