La ouija

Suena el timbre de la puerta. Juan Antonio hace amago de levantarse del sofá, pero María se le adelanta sorteando la mesita y se dirige al pasillo, enciende la luz del recibidor, discretamente adornado con objetos de cerámica y un gran espejo, y abre la puerta a la visita.

En primer término Irene, que presenta a dos amigos que le acompañan: Julia y Andrés. Pasan los tres al estrecho vestíbulo, donde se estorban unos a otros en espera de que la anfitriona les guíe al interior. Ya en la sala, Juan Antonio recibe en pie a los recién llegados, campechanamente, con la confianza que ofrecen las gentes sencillas a sus invitados.

María muestra el pisito, terminando el recorrido con la consabida muletilla en la que expresa que aunque es pequeño, es un piso muy cómodo y bien situado.

Se acomodan en el minúsculo salón sobriamente amueblado. Un tresillo en color teja, la mesita central, una lámpara de pie en el rincón, junto al sofá y uno de los sillones. El televisor, desproporcionado respecto al resto del mobiliario, preside la estancia desde uno de los módulos del mueble adosado a la pared, donde los estantes rebosan libros y escasos adornos. Un plafón de vidrio amarillo ilumina la mesa de comedor en el rincón opuesto a la ventana, junto a la puerta.

Tertulia sobre el tiempo, el fútbol y el trabajo, socorridos temas para las personas que se acaban de conocer. Café, pastas y, poco a poco, el coloquio muestra las afinidades entre todos ellos, sus gustos comunes por tal o cual programa de televisión, los lugares de vacaciones. En fin lo que cualquiera entiende por una cortés visita. Progresivamente, la cortesía va cediendo el paso a una relativa familiaridad.

Sin proponérselo nadie, la conversación deriva hacia los temas ocultos, María dice que tienen un amigo que graba psicofonías, Julia que le intrigan sobre todo las sesiones espiritistas, pero que le dan un poco de miedo. Andrés, sin embargo, se muestra escéptico ante los temas paranormales, como psicólogo, cree más bien que las manifestaciones del más allá no son más que la proyección mental que los presentes hacen durante la tensión emocional del momento. Irene defiende la teoría de una dimensión en la que se encuentran las personas desaparecidas y que ciertos ritos y la concentración del médium abren una vía de comunicación con los espíritus, adorna su teoría con relatos de casos que conoce de segunda mano.

Juan Antonio, bromeando, abre un cajón del mueble de la sala y sacando un tablero, propone hacer una sesión. Irene, encantada con la idea, apoya firmemente la ocurrencia, Julia sonríe forzadamente explicando su falta de experiencia en este tipo de cosas, Andrés sigue la broma de Juan Antonio y María tranquiliza a Julia, que no parece muy decidida.

Definitivamente, recogen el servicio de café, acercan unas sillas a la mesita para hacer un círculo y colocan el tablero y el vasito sobre éste.

Animados entre bromas, se sientan en torno al tablero, Julia ríe nerviosa y Juan Antonio pide concentración. María, la más experimentada en estas sesiones, será quien se dirija a la manifestación.

Minutos después, cuando parece que la tensión decrece, el vaso comienza a moverse de forma casi imperceptible al principio, se desliza suavemente sobre la pulida madera después, describiendo círculos, sin llegar a apuntar a los símbolos grabados en los márgenes.

El silencio expectante es quebrado por la voz de María, que pregunta:

– ¿Quién eres?

El vaso se mantiene inmóvil durante unos segundos y todos permanecen quietos, Julia contiene la respiración hasta que María rompe la tensión repitiendo la pregunta.

Tras unos segundos más de espera, el vaso se pone en movimiento señalando:

 

N . O. S . E .

María interroga de nuevo. – ¿Cómo te llamas?

N . O . S . E .

– ¿No tienesnombre?

N . O .

– ¿Dónde estás?

N . O . S . E .

– ¿Cómo es el sitio donde estás?

O . S . K . U . R . O . M . D . A . M . I . E . D . O .

Andrés, en un susurro, bromea sobre la ortografía del espíritu, Julia le hace un gesto recriminatorio para que calle.

– ¿Estás solo en ese sitio?

N . O .

– ¿Quién está contigo?

N . O . C . O . N. O . C . C . O .

– ¿Por qué estás ahí?

N . O . S . E .

Unos minutos después, sin conseguir sacar nada en claro, solo respuestas inconexas del burlón espíritu, pregunta María.

– ¿Por qué has venido?

M . I . M . A . M . A . E . S . T . A . C . N . T . I .G . O .

 

Irene palidece, se levanta del sofá y sorprende a todos con una serie de pretextos para marcharse.

Visiblemente nerviosa dice que se queden Julia y Andrés un rato más, pero que ha de irse inmediatamente.

Nadie se atreve a retenerla. La inesperada interrupción y la marcha precipitada de Irene enfrían el clima de confianza que se había creado. Minutos después, Julia y Andrés se excusan diciendo que es muy tarde, que tienen que marcharse porque viven muy lejos y mañana hay que madrugar.

Juan Antonio se despide efusivamente de la pareja, María permanece detrás con forzada sonrisa y, como es natural, les ofrece su casa para cuando les apetezca volver.

Solos de nuevo, Juan Antonio dice a María que el comportamiento de Irene, ha sido muy extraño, incluso incoherente y que no se esperaba de ella esa conducta. 

María, tras unos instantes de silencio, comenta con tristeza:

– ¿Sabes?   Irene abortó hace tres meses.