La noche vigila

En medio de la madrugada, no sé qué hora es, despierto con la desagradable sensación de que alguien me acecha.

No muevo ni un músculo, no abro los ojos, trato de mantener el ritmo de la respiración a pesar del escalofrío que recorre todo mi cuerpo.

Mi mente se dispara en el recuerdo de aquella última vez que vi a Camila, hace ya casi dos años. Su mirada suplicante y la expresión de espanto…

Tras un minuto, dos o más, me fuerzo a abrir lentamente los ojos y distingo en la oscuridad dos puntos luminosos que me observan desde la mesita de noche y el terror me atenaza otra vez, como tantas noches.

     Por fin me armo de valor y expulso a Koldo, su gato, con la misma mano que despedí a Camila.